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Pan recién hecho… por ti
¿A quién no le gusta el olor a pan recién hecho y, sobre todo, las sensaciones que transmite? Calor, hogar, familia, infancia, ternura, tranquilidad… Inundar tu casa con estas sensaciones es tan sencillo como hornear tu propio pan en un horno Balay.

La filosofía del “hazlo tú mismo”
El pan es algo de toda la vida, un alimento tradicional como ningún otro que, sin embargo, ha sabido reinventarse hasta ser protagonista de increíbles y novedosas recetas de pan. Esto ha dado lugar, en los últimos años, a un gran auge del pan casero: está de moda hacerlo uno mismo y de la forma más natural posible.

Además de ser gratificante por los resultados, la elaboración de pan es una experiencia divertida, lúdica, y hay quien dice que incluso relajante.

En líneas generales, esto es lo que hay que tener para hacer pan:

– Buenos ingredientes: el éxito de la operación depende en buena parte de tu pericia, y en buena parte de la calidad de los ingredientes. Sea cual sea la receta, asegúrate de contar con la materia prima adecuada.
– Paciencia: los expertos dicen que hacer pan casero requiere más paciencia que esfuerzo. Hay que hacerlo con cariño y tranquilidad, respetando los tiempos de fermentación y reposo.
– Práctica: en realidad solo es necesaria si quieres cierta garantía de éxito. Por muchos problemas que surjan en un primer intento, es muy difícil que un pan no sea comestible; si ya buscas la perfección, como todo en la vida, es cuestión de práctica y repetición.
– Un buen horno, preferiblemente un horno de vapor que permita conseguir las condiciones ideales de humedad. Y ya puestos a pedir, un módulo de calentamiento que permita fermentar la masa con la temperatura perfecta.

Ingredientes para hacer pan: cada gramo cuenta
Harina, agua, levadura y sal. Parece simple. Y lo es si tenemos en cuenta algunas consideraciones previas.

1. Harina: sirve cualquiera de trigo, pero si conocemos el tipo de harina tendremos más control sobre el resultado final. Por ejemplo, con la harina de fuerza que absorbe mucha agua se obtiene un pan de miga densa y más bien seca. Si buscamos algo más ligero podemos utilizar harinas panificables, más flojas. Cuando hayas adquirido cierta práctica y desees experimentar, puedes ir mezclando cualquiera de estas dos harinas con una pequeña proporción de alguna harina especial: centeno, espelta, trigo duro, integrales, etc. para ir tanteando otras recetas.

2. Agua: la hidratación marca la diferencia entre tipos de panes, en cuanto a ligereza y porosidad de la miga. Hay que respetar la cantidad de agua de la receta y no “compensar” añadiendo harina de forma indiscriminada porque la masa resulte difícil de manejar. Si aprendemos a controlar el agua en las recetas más básicas, pronto podremos atrevernos con propuestas tan ligeras, crujientes y delicadas como el pan de cristal.

3. Levadura: es el elemento que aporta esponjosidad y volumen. Se presenta en diferentes formas; la más utilizada por los principiantes es la levadura seca instantánea porque está lista para su uso inmediato, no necesita hidratación previa, se incorpora muy fácilmente a la masa, y permite una fermentación rápida y de gran calidad.

4. Sal: también requiere un ajuste perfecto a los porcentajes marcados en la receta. La cantidad recomendada en la mayoría de los casos suele ser de un 2%, es decir, 2 gramos de sal por cada 100 gramos de harina.

Varias fermentaciones y horneados después…
Una vez que has puesto en práctica nuestros consejos y ya cuentas con la experiencia necesaria, es la hora de pasar de nivel y sacar el máximo rendimiento de tu horno Balay

 
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